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CLAVES PARA ACTUAR CONTRA UN GOLPE DE CALOR Destacado

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ImagenAutor Dr. Anselmo Fernández Suárez Miembro del Grupo de Urgencias y Emergencias de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG)
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  1. ¿Cuáles son los síntomas de un golpe de calor? ¿cómo reconocer que realmente se trata de un golpe de calor y no simplemente que tenemos dolor de cabeza o calambres por cualquier otro motivo?
    El golpe de calor es una emergencia médica caracterizada por la elevación de la temperatura corporal central por encima de 40°C y alteraciones del sistema nervioso central consecuencia del fallo agudo del sistema regulador de la temperatura corporal. Se produce típicamente en ambientes calurosos, afectando tanto a jóvenes que realizan actividades físicas intensas en condiciones de altas temperaturas y concentración de humedad (60-70%), como a ancianos, con o sin comorbilidades, durante las olas de calor. Estos dos grupos poblacionales que se suelen ver afectados es lo que típicamente permite clasificar al golpe de calor en clásico o pasivo (afectando habitualmente a ancianos) o por esfuerzo o activo (afectando a jóvenes).

    El golpe de calor se incluye en los llamados síndromes de lesión por calor inducidos por el ambiente que abarca también a los calambres por calor y el agotamiento por calor. Las manifestaciones clínicas de los tres suelen solaparse y es habitual la progresión desde los calambres hasta el golpe de calor, pasando por el agotamiento por calor. La razón de por qué en ciertas personas el calor puede desencadenar únicamente agotamiento por calor y en otras evoluciona hacia el golpe de calor es desconocida, pero parece claro que existe una cierta predisposición genética.

    Los calambres por calor son la forma más leve y temprana de lesión por calor y son característicos en las extremidades y más frecuentes en individuos jóvenes.
    El agotamiento por calor es quizás el más frecuente de síndromes por calor y es debido a la pérdida excesiva de agua y sal por la sudoración. Se caracteriza por una temperatura normal o inferior a 38,5° y se caracteriza por debilidad, aumento de la sudoración, nauseas o vómitos, cefalea, mareo y piel fría y húmeda sin afectación del nivel de conciencia.

    El golpe de calor sucede cuando el organismo pierde completamente la capacidad para regular la temperatura y se caracteriza por una temperatura corporal superior a 40° y característicamente presenta una clara disminución o cambios en el nivel de conciencia (estupor o coma) o alteración del estado mental. La piel suele estar enrojecida, caliente y seca. Los puntos clave para el diagnóstico y la diferenciación entre los distintos síndromes son, por tanto, la historia clínica de exposición a calor intenso y/o el ejercicio físico intenso, la determinación de la temperatura corporal y el nivel de conciencia.

  2. Una vez detectamos esos síntomas, ¿qué debemos hacer?
    Al ser una emergencia médica, hay que activar los Servicios de Emergencia Médica (112).
    El tratamiento precoz es la clave y el objetivo sería con seguir una temperatura de 38,5-39° en la primera hora y de 38° en la segunda hora.
    Se debe trasladar al paciente a un lugar sombreado y fresco con lo cual ya se inicia una pérdida de calor por diferencia de gradiente de temperatura
    Tumbarle boca arriba y con los pies elevados unos 30 cm.
    Quitar la ropa innecesaria o aflojarla e incluso desnudarle
    Iniciar medidas de enfriamiento con medios físicos aplicando compresas frías o bolsas de hielo en cuello, axilas, ingles o incluso en la cabeza por donde se pierda gran cantidad de calor.
    Hacer que circule el aire alrededor del paciente (ventiladores, abanicos, aire acondicionado).
    Se podría iniciar hidratación vía oral con agua a pequeños sorbos si el nivel de conciencia lo permite, aunque en el auténtico golpe de calor es muy poco probable.
    Nunca abandonar al paciente hasta que lleguen los Servicios de Emergencia Médica.

  3. ¿Quiénes son las personas más propensas a sufrir un golpe de calor?
    Lactantes y niños menores de 4 años por tener menor capacidad para regular la temperatura.
    Personas mayores de 65 años por disminución de la sensación de sed y la alteración de los centros de termorregulación del organismo que disminuyen su capacidad de adaptación al calor.
    Embarazadas porque en ellas aumenta el umbral de sed y su temperatura corporal.
    Enfermos con afecciones crónicas: diabetes, enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, respiratorias, renales o neurológicas.
    Personas obesas o con peso excesivamente bajo por mayor dificultad para eliminar el calor corporal.
    Personas discapacitadas por su mayor dificultad para cubrir autónomamente sus necesidades de hidratación y adoptar medidas protectoras frente al calor.
    Personas en situación de aislamiento social porque viven solas o en viviendas mal acondicionadas o en la calle.
    Convalecientes encamados o enfermos en situación de dependencia
    Pacientes que estén tomando determinados medicamentos: laxantes, diuréticos, sedantes, anticonvulsivantes, antihistamínicos, antidepresivos, antihipertensivos, etc.
    Personas drogodependientes (cocaína, metanfetamina) o con consumo excesivo de alcohol.
    Trabajadores que realizan tareas intensas al aire libre o actividades deportivas de alto rendimiento.
    Personas que hayan sufrido previamente patologías derivadas del calor.
Visto 1540 veces Modificado por última vez en Jueves, 21 Julio 2022 10:11
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