La gripe estacional es una infección respiratoria aguda que puede afectar a personas de todas las edades y constituye una importante carga para la salud pública en términos de morbilidad, mortalidad y costes relacionados. Las epidemias de gripe estacionales presentan una incidencia anual que oscila entre el 5% y el 10% en adultos y entre el 20% y el 30% en niños, pero estas cifras ascienden en comunidades de convivencia cerradas, llegando hasta el 50%. La organización mundial de la salud (OMS) estima que se dan entre 3 y 5 millones de casos graves de gripe cada año en todo el mundo y, según modelos recientes, la mortalidad por causas respiratorias asociada a la gripe podría alcanzar entre 290 000 y 650 000 muertes anuales (4,0-8,8 muertes por cada 100 000 habitantes). En la misma línea, el estudio Burden of Communicable Diseases in Europe destacó, según datos recogidos entre 2009 y 2013, que la gripe representaba la mayor carga de todas las enfermedades infecciosas comunicables del Espacio Económico Europeo, con un 30% del total en términos de AVAD (años de vida ajustados por discapacidad)

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